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Contra los poetas: El mito del origen de la escritura

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El habla es primero y anterior a la escritura. De niños, nos guiamos de la imitación para poder articular palabras, para nombrar las cosas. Digamos que es algo natural el acto de la oralidad. No sucede lo mismo con la escritura. Aprender a escribir requiere de un esfuerzo más constante.

Pero ¿de dónde viene la escritura? ¿Quién la inventó? ¿Por qué le damos demasiada importancia al hecho de escribir? ¿Se le puede adjudicar a una sola persona el haberla inventado? ¿Es bueno aprender a escribir?

Platón nos cuenta que, de entre los filósofos griegos, fue Sócrates quien consideraba que la escritura era una actividad de segunda categoría, ilusoria, muerta, y que no contenía más que sabiduría falsa, un mero repetir sin saber.

El mito que utiliza Sócrates para referirse a la escritura es el de Theuth o Thoth, dios egipcio de las ciencias ocultas, de la magia, la alquimia, astrología, los dados, los conjuros para calmar los mares; además de los números, la medicina y, sobre todo, de la escritura.

En el Fedro, Sócrates relata: “Oí decir que Theuth vivió en Egipto, quien tenía un ave que llamaban Ibis, y entre otras cosas, descrubrió las letras. El rey de Egipto en esa época era Thamus. Entonces Theuth se presentó ante él. Le mostró sus artes y le pidió que debían ser difundidas entre todos los egipcios.

Una vez llegado a la escritura, Theuth le dijo: “este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y aumenterá su memoria. Pues se ha inventado como un remedio de la sabiduría y la memoria”.

“Thamus, al ecuchar esto, le preplicó: oh, Theuth, excelso inventor de artes, unos son capaces de dar el ser a los inventos del arte, y otros de discernir en qué medida son ventajosos o perjudiciales para quienes van a hacer uso de ellos. Y ahora tú, como padre que eres de las letras, dijiste por cariño a ellas el efecto contrario al que producen. Pues este invento dará origen en las almas de quienes lo aprendan al olvido, por descuido del cultivo de la memoria, ya que los hombres, por culpa de su confianza en la escritura, serán traídos al recuerdo desde fuera, por unos caracteres ajenos a ellos, no desde dentro, por su propio esfuerzo.

Así que no es un remedio para la memoria, sino para sucitar el recuerdo lo que es tu invento. Apariencia de sabiduría y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos. Pues al oír hablar de muchas cosas sin instrucción, darán la impresión de conocer muchas cosas, a pesar de ser en su mayoría unos perfectos ignorantes; y serán fastidiosos de tratar, al haberse convertido, en vez de sabios, en hombres con presunción de serlo”.

Los dos personajes, Theuth y Thamus, hablan sobre el sentido de las letras y de su utilidad para que con ellas se conserve la sabiduría, pues las letras escritas podrían ser conservadas durante siglos.

Pero Thamus, el rey de Egipto a quien Theuth ofrece la escritura, afirma que con ella en realidad los hombres se sumirán en el olvido. Ya no son los oídos que atienden, sino los ojos que se detienen en unos signos que, como escritura, adquieren una concreta forma de sustancialidad. Es ahí donde Sócrates plantea las dudas referente a la efectividad de las letras.

Recordemos que la escritura entró a Grecia casi dos siglos antes de que Sócrates se enfrentara a ella. Pero aunque parezca un largo tiempo, durante esa época, escribir no fue una práctica habitual. Por consiguiente, en estos dos siglos apenas hay escritura más que aquella que se refiere a ciertas formas de organización social, se limitaba a listas, clasificaciones jerárquicas, anotaciones de mercancías, etc. Sin embargo, en la época de Platón, las letras ya habían consolidado su dominio como “literatura”. El lenguaje, por lo tanto, había pasado de ser algo oído a poder ser algo visto, tangible y aprehensible.

De esta forma, la escritura permitió romper el cerco de la inmediata comunidad para la que, en principio, se hablaba y escribía. Así que fuera de aquél contexto de su historia y de su comunidad, los textos, a partir de su aceptación como herramienta indispensable, tuvieron necesidad de otras formas de contextualización.

Vemos, por lo tanto, que a lo largo de su existencia y a estas alturas del tiempo, nuestra búsqueda de sentidos e interpretaciones se enriquece a medida que miramos más el texto, que le dedicamos tiempo, que lo asimilamos más. Es así que el territorio del lenguaje natural, el hilo formal, la coherencia de las proposiciones que constituyen el texto no se transforman sino por el movimiento que imprime la mente del lector. Siempre el lector.

Así, bajo la forma de escritura, todo lo impreso es tiempo futuro; es decir, se queda a la espera de un posible lector, para que éste a su vez agregue algo a lo ahí plasmado con la intención de que el lenguaje siga vivo, extendiéndose a cada relectura. Esto con el fin de preservar lo escrito dentro de la llamada “tradición literaria”, para que no ocurra lo contrario: que lo que los humanos han “hablado” a lo largo de los siglos, se halla perdido.

El texto, por lo tanto, es un proceso abierto, y ningún texto encierra en sintagmas un contenido único o último. Es por eso que cuando las obras, los libros, los textos, entran en la historia y salen de su presente, no desaparece su posibilidad de influencia, sino que fluyen por unos cauces que desgranan esas influencias en múltiples derivaciones, en incesantes interpretaciones y revisiones, y esto como consecuencia exige otros lectores.

Jose Rivera Guadarrama

Jose Rivera Guadarrama

Tiene estudios en filosofía, periodismo, contracultura y montajes alternos, historia del arte y en teoría crítica de la religión. Finalista del Premio de Poesía Andrés Salom, Murcia, España, 2011. Ex Tenebra (2014) es su primer poemario. Considera que hacer apología de la mentira es un acto de purificación.
Jose Rivera Guadarrama

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2 comentarios

  1. Buena tarde:

    ¡Excelente dato!

    No puedo evitar pensar, claro, a consecuencia del artículo, que el “mito” de que “todo se a dicho” es una mera grosería producto de una cultura arrogante.

    ¡No se a dicho nada!, todo está “en ese pasado”, solo recordemos.

    Saludos.

  2. José Rivera Guadarrama

    Estimado albertocadena. Sí, coincido en que “no se ha dicho nada”, porque el Mythos (como palabra griega) significaba relato, es decir, no era una verdad dada, sino que a partir de ahí se procedía a narrar algún suceso, alguna creencia. Es decir, no era falso ni verdadero, sino una hilacóin de ideas que podrían diferir de lo “real”. El asunto y el problema actual del mito es que se ha traducido como “falso”, como una mera suposición, a eso nos referimos cuando decimos “eso es un mito”. Por eso, y para menor equivocación, debemos irnos al significado que los griegos le otorgaban. Saludos.

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