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Contra los poetas: “La isla de las lágrimas”

Foto: Internet

Con todo este tema de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, las declaraciones xenófobas y el exacerbado racismo del candidato republicano Donald Trump, me viene a la mente un libro que quiero comentarles. Aborda sobre todo el asunto de la migración.

Resulta que a principios del siglo XVIII Norteamérica era una extensión territorial enorme, poco poblada. Existían comunidades amerindias como los Piel Roja, los Siouxs al sureste, y otras. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX, Estados Unidos se convirtió en país receptor de migrantes. Millones de ellos salieron de sus naciones de origen para dirigirse a aquellas ubérrimas tierras, hacia aquel “nuevo continente” que los recibiría con entusiasmo: América. Así comenzó la expansión demográfica de esa nación y, como consecuencia, la exclusión de los habitantes autóctonos.

En aquella nación desembarcaron millones de hombres, mujeres, niños, de todas clases sociales. En un breve recuento, van algunas cifras, aunque pueden no ser del todo verdaderas. En pocos años, a Estados Unidos llegaron alrededor de cinco millones de migrantes italianos, cuatro millones de irlandeses, seis millones provenientes de Alemania, tres millones de Austria y de Hungría, la misma cifra de rusos y ucranianos. La lista continúa y es impresionante.

Y bueno, así fue como creció y comenzó a poblarse Estados Unidos. Es, por lo tanto, un país de migrantes, en el que en la actualidad las comunidades originarias están relegadas en zonas específicas de las que prefieren no hablar.

De manera que en este libro, su autor Georges Perec va a narrar un lugar muy particular, un punto de referencia en el que aún hay muchas historias perdidas u olvidadas, se llama Ellis Island. Fue el islote por donde toda esa cantidad de gente tuvo que pasar. No todo fue fácil, ahí desembarcaron tres tipos de clases sociales, las de primera, segunda y tercera. Y en ese orden de preferencia transcurrió su suerte. Los primeros pasaron sin ser revisados siquiera, mientras que los últimos pasaron penurias.

Pero además, Ellis Island también era conocida como “La isla de las lágrimas”. Ser aceptado en este nuevo país implicaba emociones y esperanzas. Los mismo para quienes eran rechazados. Ya a estas alturas, a manera anecdótica, los cambios de apellidos resultan risibles. Por ejemplo, nos dice Perec, quienes provenían de Berlín fueron cambiados a Berliner; los apellidos complicados eran cambiados en cuestión de segundos. Bastaba con ponerle un poco de imaginación. Así, los Skyzerski pasaron a ser Sanders, los Vladimir, a Walter, etcétera.

Notemos que el asunto de la migración parece implicar una actividad natural. Sin embargo, a lo largo de la existencia humana no han habido asentamientos humanos con tanta permanencia como en los actuales años. Podríamos confirmar que los asuntos territoriales son privativos de todo el siglo XX y parte del actual. Hasta antes de esas fechas, el flujo migratorio no era causa de conflictos entre países, las fronteras no significaban restricción, sino más bien cumplían una función específica, contabilizar el fluir de visitantes.

Los ascendientes de Perec formaron parte de la multitud de migrantes de tercera clase, de los que Estados Unidos “invitó” a que fueran a poblar sus tierras. De acuerdo al autor, sólo el 2 por ciento de los migrantes fueron rechazados, sobre todo aquellos que portaban enfermedades infecciosas o los considerados anarquistas. Pero en este recuento sólo hay europeos, no hay listados de migrantes asiáticos, orientales y menos latinoamericanos. Por lo tanto, nuestras anécdotas se diferencian en mucho de aquellas otras.

Jose Rivera Guadarrama

Jose Rivera Guadarrama

Tiene estudios en filosofía, periodismo, contracultura y montajes alternos, historia del arte y en teoría crítica de la religión. Finalista del Premio de Poesía Andrés Salom, Murcia, España, 2011. Ex Tenebra (2014) es su primer poemario. Considera que hacer apología de la mentira es un acto de purificación.
Jose Rivera Guadarrama

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