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Del jazz al blues en 12 rounds

Foto: Internet

 

Sus ojos claros apreciaron desde el Estadio de Luna Park el desempeño de grandes astros del pugilismo como; Carlos Monzón, Luis Ángel Firpo y Cassius Clay, quien por su temperamento rebelde e idealista bien pudo haber sido uno de los cronopios que su pluma creó, Julio Cortázar, era un apasionado tanto del boxeo como del jazz, dos disciplinas donde aprender a improvisar sobre la técnica estudiada es de vital importancia.

 

No me peguen en la boca que tengo que tocar esta noche

 

Los vínculos entre el arte de tirar golpes sin ser golpeado y la música sincopada han sido más estrechos de lo que algunos puedan creer, pues ambos mundos despiertan pasiones y adrenalina en cada golpe, en cada nota, las combinaciones de puños son como una escala perfectamente dibujada en el diapasón del contrabajo.

Alguien que entendió de manera exacta esta amalgama, fue el trompetista y compositor de jazz Miles Davis, adorador del box y admirador  de Sugar Ray Robinson y  Joe Louis, siendo el primero quien le sirvió de inspiración para incursionar en el boxeo y lograr rehabilitarse de su adicción a la cannabis.

 

La sonoridad del be bop se reflejaba en el golpeteo que Miles combinaba sobre el costal del Gleason’s Gym de New York, de acuerdo a lo narrado por Ian Carr biógrafo del músico, su pegada era como un fraseo musical de ese género, entrecortado, pero con la misma energía de un bombo.

Consciente de lo que implicaría el pugilato profesional y el riesgo siempre latente de los cortes sobre el ring, el trompetista originario de Santa Mónica decidió dejar su pasión en un ámbito amateur, ante lo cual le pedía a sus compañeros de sparring que no le golpearan en la boca, pues tenía que tocar por las noches, dentro de esos colegas de entreno se encontraba Roberto Durán “Manos de Piedra”, a quien le dedicó posteriormente un homenaje sonoro titulado “Durán”.

El momento cúspide para “El príncipe de la oscuridad” como también era conocido Davis, fue cuando pudo conjuntar sus dos pasiones a través de “Rompiendo Barreras” un documental basado en la vida del bofer de color, Jack Jhonson y para el cual  Bill Clayton solicitó al trompetista que realizara la música .

 

Charlie Parker y Rocky  Marciano, una noche gloriosa

 

Aquella noche de 1953 que Charlie Parker empeñó su saxofón para poder comprar más heroína, Rocky Marciano defendía por segunda vez su título en la categoría de los pesos completos ante Joe Walcot, el evento organizado por la New Jazz Society de Toronto había logrado reunir a Max Roach, Bud Powell, Charles Mingus, Parker y Dizzy Gillespie, siendo este último un verdadero enagenado del boxeo y el be bop  a tal grado que durante el concierto no paró de salir por momentos de escena para saber cómo transcurría el combate de aquellos bombarderos del ring.

Walcot probó la lona tras un golpe volado de Rocky a su mandíbula, mientras Parker tocaba el mejor concierto de su vida con un saxofón de plástico prestado.

 

 

Tras la muerte del contrabajista, pianista. compositor y activista Charles Mingus, su hijo Eric narró a la publicación Villa Voice, que su vida se vio envuelta en un caos que transcurría entre las riñas escolares y el enojo por la pérdida de su padre que falleció víctima de la esclerosis lateral amiotrófica, razón por la que buscó canalizar su ira a través del “noble arte”.

Eric comenzó su andar en el oficio de las trompadas bajo la supervisión de Floyd Patterson, una gloria del boxeo que enfrentó a oponentes de la talla de Liston y Alí.

 

El KO de la música ante el boxeo

 

Mayormente conocido por su trabajo como contrabajista, compositor y poeta, en algún tiempo Mingus Jr aspiró participar en Juegos Olímpicos dentro del boxeo amateur, así lo manifestó en un entrevista realizada por Cristina Morelli para NYC Art Scene, sin embargo fue la música quien ganó por decisión unánime.


A pesar de lo aborrecible que pudiera parecerle a un sector de la sociedad, el ver a dos hombres con el torso desnudo liándose a golpes en mitad de una turba que disfruta de ese espectáculo, el arte flota en esa atmósfera dionisiaca, pues se necesita algo más que valentía o técnica para calzarse los guantes.

 

El boxeo también suena a blues

 

Ante ello, resulta más complejo para esos curiosos entender cómo músicos o gente de otras artes pueden adentrarse de manera tan entregada a un deporte con tintes bárbaros, de ahí que el campeón de peso completo George Foreman incluso llegó a decir que el boxeo era como el jazz, porque en realidad poca gente sabe apreciarlo.

Sin embargo la adrenalina del momento arremolina el instinto gladiador que de manera natural llevamos como especie y nos convertimos ese actor-espectador que describía el poeta Salvador Novo en su ensayo “Algunas sugestiones del box”.

Con esa misma cadencia de la guardia que trata de despistar al adversario, el box ha viajado de los vertiginosos solos saxofónicos al sentimentalismo del blues, a través de figuras como Willi Dixon, que poseía el mismo punch en los nudillos que como compositor y contrabajista, pues en 1936 fue el ganador de los Golden Gloves de los pesos pesados y décadas más tarde un bluesman que alternó escenario con Chuck Berry, Led Zepellin y Muddy Waters.

Fue en la década de los años treinta donde otro representante del género incursionó también en la escena pugilística, Jack “Champion” Dupree, un revolucionario de la música que incorporó el piano a la instrumentación del blues, se rifó sobre el ring 107 peleas, entre las que destaca aquella que antecedió a la de campeonato mundial entre Joe Louis y Max Schemeling.

Si bien es cierto que en décadas modernas el imaginario sonoro del boxeo se dibujado de manera colectiva a través del hip hop, el blues ha sido un parteaguas en el quehacer de púgiles como los anteriormente mencionados que cambiaron el cuadrilátero por  instrumentos musicales.

Erik Castillo Cadena

Erik Castillo Cadena

Periodista especializado en cultura, contracultura, política, ciencia y deportes de contacto que ha colaborado como articulista en publicaciones nacionales e internacionales. Practicante de artes marciales, músico, bohemio, un rocker incorregible que esquiva con el bending los embates de la vida, siempre sonriente para el siguiente round.
Erik Castillo Cadena

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