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El Anecdotario: “Pulgarcito” Ramos un campeón sin tamales

Foto: Internet

 

Ja,  engreído,  vanidoso,  soberbio. ¿Cómo que se pasó de largo y no me saludó?  ¿Pues quién  se creé?  ¡ Mi familia  ignorándome!   ¡Bonita  cosa!

Una mañana  soleada del  mes  de marzo  de 1967   fui  al  H. Ayuntamiento de Tlalnepantla, en el Estado de México,  debía  hacer un trámite urgente, por lo tanto  atravesé  la  Plaza Cívica, ubiqué  la  entrada  principal,  luego esto  me devolvió  el  alma  al  cuerpo, porque me daba la seguridad  que pronto  encontraría  la oficina donde debían  de atender  mi  asunto.

Con la mirada  busqué  entre  los comerciantes  a la persona  que vendiera  atole  y tamales, ya fueran;  dulces, de mole, oaxaqueños,  de pollo  o  de puerco,  el  caso  era  calmar  el hambre  que hacía  roncar insistentemente  mis   sufridos intestinos.

De pronto  vi  un hombre alto, moreno,  con  cuerpo  atlético  que  bajaba  las  escaleras  de la  entrada  principal  del  edificio  municipal. Lo  ubiqué  inmediatamente, yo ya tenía  mi envoltorio  de tamales  y  pedí  dos   más   para él,  todavía era temprano, pensé que le caerían de maravilla.

Por fortuna la señito de los tamales me despachó rápido,  caminé  hacia   el Ayuntamiento, mi pariente  se  acercaba   más y más, y  yo  con  mi sonrisa  de oreja  a oreja, ni sentía los tamales  calientes  quemando  mis manos.

Ilusionado   de que nos  encontráramos  y pudiéramos saludarnos personalmente,  en franca  dirección  orgulloso me  encaminaba hacia él. ¡Sorpresa!  Mi pariente ni siquiera volteó  a verme, caminó  con  paso rápido  y rostro indiferente.

¡Va!  y ora, a  este   ¿qué  avispa le pico?   Que yo recuerde no hemos tenido ningún  altercado como para  que deje  de hablarme.

Subí  las  escaleras  de manera presurosa,  enseguida  encontré la  oficina donde me debían atender.  Una señorita  atentamente  me  preguntó  cuál era el asunto que iba  a tratar.  Me  vió malhumorado  y me preguntó, ¿se siente mal?  No,  que  creé,   le compré unos tamalitos y me están quemando las manos. ¿Cómo?  ¿Pero por  qué?

Bueno es que usted  no me ubica, hace un  mes vine y su atención fue  excelente  y hoy quise recompensar  su trabajo.

Ohh,  ¡muchas  gracias!

Mientras ella agradecía el obsequio yo pensaba: “ Mira pariente, quién  vino a disfrutar los tamales  que te  compré, eso te pasa por soberbio”.

Me  retiré  del Palacio  Municipal  demasiado sentido, dolido,  por el desprecio de mi pariente.

Por las calles  iba  pateando  hasta los botes  de refresco  que  encontraba  a mi paso. ¡Cuando de pronto!  Un rayo de luz iluminó mi mente. Los medios de comunicación  masiva  acercan  a las leyendas  deportivas  o artísticas al público, que al mismo tiempo pasan  a formar parte del núcleo familiar.

Con sus  sacrificios, desvelos y malpasadas,  llegan  a escalar los peldaños  de la  fama.  Si sufren un descalabro el aficionado también sufre, lo mismo que goza  sus triunfos,  pues con esto esas estrellas del deporte  se apropian de la estimación y cariño del aficionado.

Así pasó,  yo le tenía  tanto aprecio,  cariño y admiración  a  este pugilista  que lo sentía como a un familiar. Yo  lo conocía de cerca gracias a la mediatización de su figura y reombre dentro del mundo del boxeo, pero  él  me ignoró porque no sabía de mi existencia.

Sin embargo aún recuerdo entre risas mi enfado con el que fuera uno de los mejores pesos completos del box mexicano, Manuel “Pulgarcito” Ramos (Q.E.P.D.)

 

Eutimio Castillo Jiménez

Eutimio Castillo Jiménez

Escritor, compositor y cantante de talla internacional con 53 años de aficionado al Boxeo y la Lucha Libre. Actualmente es el Coordinador del Área de investigación, documentación y acervo de Guerreros And Fitness.
Eutimio Castillo Jiménez

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