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Invierno peligroso en las montañas

Estuve a punto de morir. Y es que perdí la paciencia. Fue después de hacer cumbre en el Pico de Orizaba por la cara norte.

Hace dos años decidí ir con un grupo de amigos inmediatamente después de que acabaran las lluvias características de septiembre, mi camarada  Gustavo García, coronó el Cerro de la Estrella (Citlaltepetl) conmigo, así que muchos coincidimos en aventurarnos ése día.

Subir la montaña es sólo la mitad de la conquista, regresar a casa a salvo es completar la hazaña

Sin embargo el ascenso se entorpeció con una fila interminable. Decididos intentamos rebasar a los que nos aventajaban, pedí permiso, pero  un escalador  hasta ese momento desconocido para mi,  me dijo: “…para dónde quieres que nos movamos, no nos vamos a subir uno encima del otro para que pases cómodamente”.

Al no ver una respuesta alentadora decidí tomar un nuevo camino por el lado izquierdo.

Siendo el nuevo bastión en una fila de valientes escaladores me sentí privilegiado al liderarlos, mi orgullo subió a niveles estratosféricos, orgullo que aterrizó de sopetón a los cinco minutos de haber iniciado, pues caí en cuenta que no era nada fácil abrir pasó, pero la decisión estaba tomada  y no podíamos retroceder en gran parte porque ahora me presionaban a mi para avanzar más rápido.

Y es que después de 5 mil metros sobre nivel de mar,  el cuerpo humano sólo recibe el 50 por cierto del oxígeno que necesita para trabajar óptimamente. En fin, faltaban sólo 100 metros para llegar a la cumbre y un poco más arriba nos reincorporamos al sendero original.

Una vez hecho el protocolo de las felicitaciones, fotos del recuerdo, descansar, admirar nuestra logro, reponer líquidos y comer algo energizante, decidimos bajar que es tan díficil como subir, pues el aescender es sólo la mitad de la prueba,  la otra conciste en llegar sano y salvo a casa.

Fue ahí donde nos topamos con las personas que apenas llegaban a la cúspide y percatándome de la agonía que sería bajar opté por subir de nuevo mi orgullo y convertirme en la punta de la lanza, sólo que ahora de bajada. Grave error.

Bajé sin dificultad los primeros 15  o  20 pasos,  después de eso,  sólo recuerdo que el  crampón de mi pie derecho se atoró en una piedra y rodé  según me dijeron, seis veces. Cabe mencionar que mi piolet se perdió a una velocidad exorbitante.

Choqué contra alguien que se acomodó estratégicamente para frenarme y para mi sorpresa fue el mismo esclador desconocido que mencioné anteriormente. Nunca me dio su nombre, sólo dijo:  ” Soy de la representación de Oaxaca”.

Paciencia, la clave del éxito

Mi pie izquierdo el pegó justo en el bícep derecho causándole una hemorragia. Milagrosamente a mi no me pasó nada, ni un sólo rasguño o malestar, así que me dispuse a apoyar a mi salvador. Le traté la herida y decidimos bajar, ahora con una gran pena en mis hombros, pues por tratar de apresurar el momento lastimé a aquel buen hombre del que nada más supe venía solo, lo privé de hacer cumbre a unos metros de llegar y ahora tenía que ayudarlo a bajar.

En el camino me confesó que a él también le pasó algo similar hace años y todo por la “maldita impaciencia”, me contó que rodó cerca de doscientos metros y por fortuna sólo se rompió el fémur izquierdo.

 Recordó su tortuoso accidente,  nadie hizo nada, quiero suponer que fue por la dificultad del terreno, pero él simplemente se lanzó a mi rescate.

Me hizo ver que no importa cuanta preparación física tengas, no importa qué tan bien conozcas la montaña o camino por el que irás, no importan todas las veces que hayas hecho cumbre y presumido tus fotos o tus logros. Nada es eso si importa si pierdes la vida al intentarlo. Y es que la paciencia todo lo alcanza. También le prometí que si veía a alguien en las mismas circunstancias haría lo mismo que él, rescatándolo y pidiendo que me  pagara el favor de la misma manera.

Si ya estuvimos esperando la temporada invernal alrededor de 8 meses, creo que podemos esperar un poco (o un mucho) a que avance una fila. La única forma que podremos salir avante de esto es teniendo la preparación física necesaria y suficiente.

La precuación es y será uno de nuestros mejores aliados en las montañas, pues un pequeño fallo puede terminar en tragedia.

Geovanni Domínguez

Geovanni Domínguez

He practicado Ninjutsu por más de 20 años. La adaptabilidad es la clave para cada parte de mi vida. Me apasiona el montañismo, la escalada en roca, rappel. Creo que el camino está en el entrenamiento continuo, arduo, progresivo.
Geovanni Domínguez

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